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sábado, 15 de mayo de 2010

LA PECERA de Ignacio Apolo

la pecera

Hemos presenciado la función de “La Pecera” del 25 de abril en La Ratonera Cultural, actualmente puede verse los domingos a las 20 en El Laberinto del Cíclope (mapa), hasta el 30 de mayo.


El texto dramático escrito por Ignacio Apolo (a quien tuvimos el placer de ver el año pasado en el Konex dirigiendo su “Rosa Mística”) en principio parece ser una historia simple.

En efecto, La Pecera nos muestra a dos adolescentes, estudiantes secundarios de una escuela religiosa, que se dedican a espiar a su profesora de matemáticas, “la Correa”, cuando concurre al baño y a través de un orificio en la pared. Pero lo que parece ser una mera travesura estudiantil va a ir trastocándose de a poco hacia un imprevisto desarrollo y desenlace.
A poco de empezar percibimos que lo que parecía ser simple no sólo deja de serlo sino que comienza a ser inquietante en la medida que transporta al espectador hacia zonas vinculadas a la sexualidad, la violencia, la perversión, el deseo...

En teatro hay un concepto al que denominamos “cuarta pared”. Un muro imaginario que separa al escenario del lugar donde se haya el espectador y que le permite a éste apreciar lo que acontece como a través de un cristal transparente. Los actores en el escenario se manejan como si del otro lado nada existiese y el espectador como un espía que acecha desde la oscuridad, que observa sin ser visto, silenciosamente, tratando de no ser descubierto y así acceder a revelaciones que pertenecen al mundo de otros.
Podríamos asimilar al espectador como quien observa a través del vidrio de una pecera.

Si relacionamos estos conceptos con la obra de Ignacio Apolo “La Pecera” en la que los personajes son espectadores de lo que acontece en el baño, podríamos aplicar la expresión francesa
"mise en abyme", literalmente “puesta en abismo”, toda vez que lo que ocurre en el escenario es un versión reducida de la “realidad teatral”. La obra de Apolo se ubica en el centro de una pecera mayor que nos incluye a todos, en la que no hay peces sino seres semejantes.
El límite imaginario o no, la cuarta pared, separa y a la vez conecta. Las sensaciones encontradas de realidad y de ilusión provocan el atractivo efecto de identificación por un lado y distanciamiento por el otro. Esto, que es común en el teatro en general, se hace más presente en esta obra toda vez que nos conecta con elementos de la infancia reprimidos o negados por la conciencia.
De esta manera, “La Pecera” se presenta ante nuestros ojos como una puesta en abismo que conecta nuestra mirada de espectador con el voyeurismo de los personajes que persiguen alcanzar un deleite a partir de la contemplación, en este caso, prohibida y moralmente reprochable.

La impecable dirección y puesta en escena de María del Carmen Pié permite que el texto de Apolo, de por sí cautivante, vaya introduciendo al espectador en temas complejos potenciándolo con la construcción de una atmósfera muy apropiada en la que se evidencia un eficaz trabajo con los actores en el desarrollo de la creatividad y el juego teatral.
Sin duda, no hay personaje fácil de representar toda vez que el cuerpo del actor, con las características propias de su interioridad, es el que lo materializa en un escenario. Más aún cuando se ponen en juego temas vinculados a la sexualidad y al deseo, que desde siempre han resultado complicados. En este caso los actores, Javier Schwarzberg (Pescado) y Diego Vegezzi (Leto), realizan un gran trabajo actoral logrando transitar con naturalidad situaciones y emociones de por sí difíciles de representar.
Todos los elementos de la puesta en escena se conjugan de tal manera que cada espectador va transitando por las emociones más diversas que depara esa adrenalina de espiar a un “otro” que siempre hace algo de lo que se ancla en nuestras fantasías.


Dramaturgia: Ignacio Apolo
Dirección: María del Carmen Pié
Actúan: Javier Matías Schwarzberg, Diego Vegezzi
Diseño de vestuario: Monica Cavallotti
Diseño de escenografía: Monica Cavallotti y María del Carmen Pié
Diseño de luces: José Luis Calvo
Realización de objetos: Juan Oviedo, Gonzalo Palavecino
Musicalización: María del Carmen Pié
Fotografía: Luciana De Falco
Asistencia de dirección y escenografía: Brenda Ruderman

Los Domingos a las 20:00 (Hasta el 30/05/2010)en el Laberinto del Cíclope, México 1718,Ciudad de Buenos Aires.

Web: http://www.lapecera-teatro.blogspot.com
Este espectáculo formó parte del evento: A escena por Chile (Festival solidario)
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sábado, 1 de mayo de 2010

FIDELIO EN EL TEATRO AVENIDA

La única ópera compuesta por Beethoven deleitó a los espectadores en el Teatro Avenida.fIDELIO

En esta nota hemos analizado la función presenciada el domingo 11 de abril de 2010 organizada por Buenos Aires Lírica.

El genio de Beethoven (Bonn, 1770 – Viena, 1827) le ha dejado a la humanidad solamente una ópera dentro de su gran producción musical (cerca de 400 obras). “Fidelio” fue estrenada por primera vez en 1805 en un contexto muy particular para los teatros ya que Napoleón acababa de invadir Viena y no tuvo gran repercusión. Se trata de una época en que las historias referidas a actos heroicos y a personas inocentes que eran liberadas de injustos encarcelamientos eran muy populares. Estamos hablando de los años posteriores a la Revolución Francesa. Nueve años después de la primera función y luego de algunos ajustes y revisiones fue reestrenada la versión definitiva en 1814, esta vez sí, con singular éxito. En Argentina se pudo apreciar por primera vez en1927 en el escenario del Teatro Colón y al cumplirse el centenario de la muerte de Beethoven, bajo la dirección de Gino Marinuzzi. En los últimos años se destaca la puesta del 2003 también en el Teatro Colón, esta vez con dirección musical de Franz Paul Decker y régie de Roberto Oswald...


La obra se sitúa en una prisión cerca de Sevilla (España) a finales del siglo XVIII.
Su argumento resalta los valores del amor, la fidelidad, la lealtad, la libertad y la lucha contra la injusticia y la tiranía. Leonore, caracterizándose como un hombre (Fidelio), ingresará a trabajar en la casa de Rocco, carcelero de la prisión en la que se encuentra encerrado injustamente su marido (Florestan) considerado un preso político e intentará por su intermedio acercarse a su amor para liberarlo o ayudarlo de alguna manera, evitando que el director de la prisión (Don Pizarro) logre su cometido de asesinarlo. La intervención del ministro (Don Fernando) permitirá resolver la injusticia y castigar la tiranía al modo “deus ex machina” de la tragedia griega.

En esta oportunidad pudimos volver a ver y escuchar a dos artistas que disfrutamos en la excelente puesta de El Cónsul en setiembre del 2009, Carla Filipcic Holm (Soprano - en el papel de Leonore bajo el nombre de Fidelio) vuelve a deslumbrarnos en un rol de gran dificultad, no sólo por tener que componer actoralmente un personaje masculino, sino por la gran fortaleza vocal que su papel requiere y que cumple a la perfección y Hernán Iturralde (Bajo - en el papel del carcelero Rocco y padre de Marzelline) quien presenta un buen desarrollo actoral y una sólida y homogénea voz a lo largo de toda la representación. Mas allá de algunos desajustes que no llegan a empalidecer la calidad del espectáculo, hemos observado desenvolvimientos parejos desde los numerosos instrumentos de la orquesta hasta cada uno de los artistas en lo vocal y actoral. Tanto la escenografía como la iluminación y el vestuario contribuyen acertadamente a situarnos en un espacio y un tiempo y a crear la atmósfera adecuada a la diégesis.

En Fidelio, al igual que en otras obras, hay momentos en los que las acciones se detienen porque son instantes de gran intensidad musical. En estas ocasiones se requiere una resolución desde la puesta actoral que reduzca al mínimo el “estatismo” de los actores que fácilmente se produce, pero sin agregar acciones innecesarias. La puesta en escena de Rita de Letteriis privilegia estos instantes musicales por sobre la actuación, decisión que compartimos puesto que con ello logra que no haya acciones que distraigan y que impidan disfrutar plenamente de los sublimes instantes musicales o corales.

Pero hay otros momentos donde la acción se hace imprescindible. Tal es el caso de la escena del segundo acto en la que Fidelio y Rocco bajan al calabozo con picos y palas para cavar la fosa. Mientras desde la voz se dice insistentemente que hay que terminar de cavar y que no hay tiempo que perder, desde la acción (principalmente de Rocco que es el mayor interesado en cumplir la orden) hay quietud o mínimos e intrascendentes movimientos.

La decisión de la puesta en escena de alejarse de una narración realista, principalmente en el caso de las actuaciones, produce a nuestro entender resultados opuestos. Por un lado, suspender las acciones resultó positivo en algunas de las escenas, como en el primer acto en el que se logra una textura maravillosa de voces (Leonore, Rocco, Marzelline y Jaquino) del cuarteto "Mir ist so wunderbar" ("Es para mí tan maravilloso") logrando que ninguna acción impidiera disfrutar de lo musical. Pero, por otro, en el ejemplo citado más arriba (Acto 2 cuando cavan una fosa) es precisamente la ausencia de acción la que introduce un elemento extraño para la percepción. En este pasaje de la obra faltó lo que Hamlet enseñaba a los cómicos: “La acción debe corresponder a la palabra, y ésta a la acción, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza”.
Mucho podríamos seguir hablando de esta maravillosa obra pero excedería el objetivo de esta nota. El público del Teatro Avenida, una vez más, tuvo la oportunidad de disfrutar y aplaudir con entusiasmo una representación de jerarquía.

La temporada de ópera 2010 presentada por Buenos Aires Lírica continuará en mayo/junio con Madama Butterfly, en julio con Belisario de Donizetti, en setiembre con Serse de Händel y en noviembre con Falstaff de Verdi, siempre en el Teatro Avenida. Para informes se puede consultar la página web de la asociación: http://www.balirica.org.ar/


FIDELIO
Ópera en dos actos con música de Ludwig van Beethoven y libreto de Joseph Sonnleithner y Friedrich Treitschke
Dirección musical: Guillermo Brizzio
Puesta en escena: Rita de Letteriis
Diseño de escenografía y vestuario: Daniela Taiana
Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux
Dirección de coro: Juan Casasbellas
Con la participación de: Carla Filipcic Holm (Leonore), Peter Svensson (Florestan), Homero Pérez-Miranda (Don Pizarro), Hernán Iturralde (Rocco), Ana Laura Menéndez (Marzelline), Gustavo De Gennaro (Jaquino), Leonardo Estévez (Don Fernando), Julián Zámbo y Lucas Somoza (dos prisioneros) y los actores: Alejandro Ares, Julián Mardirosiann, Martín Palladino y Rubén Santti.
Coro de Buenos Aires Lírica y orquesta.

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lunes, 5 de abril de 2010

VIVARIUM

Dramaturgia y Dirección: Luis Di Carlo - Actúan: Héctor Leza, Paola Peimer, Jenny Van Lerberghe
Análisis de la función del jueves 18 de marzo en Teatro del Abasto
Vivarium La expresión latina Vivarium, refiere a un “lugar de vida”, un área reservada para el estudio, conservación u observación de una especie animal o vegetal. Tal vez en eso se haya transformado la pequeña habitación destinada a guardar objetos varios (maderas, chapas, bolsas de materiales, elementos viejos o en desuso) en la que irrumpen los personajes de la historia (un hombre y dos mujeres, una embarazada y la otra herida) escapando de algo o de alguien que los acecha en medio de sonidos de gritos y sirenas.
La idea de Luis Di Carlo (dramaturgia y dirección) resulta a priori interesante para el espectador. ¿Quienes son estas personas? ¿De qué huyen? ¿Donde están? ¿Que es lo que está afuera acechando?
A medida que avanza la acción se van vislumbrando algunos datos acerca de la circunstancia de los personajes. ¿Cómo son? ¿Qué sienten? Si los atrapan: ¿dejarán de ser lo que son? ¿Enfermarán? ¿Morirán? Los seres que están afuera: ¿son enemigos, bestias, asesinos? ¿Se trata de una epidemia?
La necesidad de entender lo que está sucediendo junto a la desesperación por ocultarse, resistir y sobrevivir, generará distintos sentimientos entre los personajes con las inevitables discusiones y enfrentamientos.
La obra plantea la existencia de un otro que cambia en forma inesperada y que puede transformarse en una amenaza. El temor a lo desconocido o a lo que se manifiesta de una forma distinta a la acostumbrada. Las cosas parecen que ya no son como eran. Afuera hay algo que ha cambiado y que inquieta. Cada uno se enfrentará a sus propias dudas. Tal vez lo vivan como algo extraño, amenazante, como una enfermedad que trastocará el orden establecido con la consiguiente intranquilidad o miedo, o como una mutación hacia una existencia más espiritual o simplemente distinta a la conocida.
En Vivarium todos los elementos de la puesta en escena (actores, escenografía, vestuario, objetos, etc.) persiguen reproducir una situación realista, una mimesis que resulta funcional al logro de una identificación por parte del público con la situación de los personajes y la intriga sobre lo que les ocurrirá en el futuro. Sin embargo, el texto dramático sobre el que se apoya la representación no logra a través de su enunciado crear la tensión esperable, con segmentos que parecen quedarse a mitad de camino, circunstancia que no es complementada tampoco desde las actuaciones. Si bien se percibe el despliegue de gran energía actoral (en especial de Héctor Leza), ésta presenta intermitencias y no alcanza para crear los niveles de tensión necesarios. Hay discursos que se ralentizan o que se expresan con baja intensidad de sonido y generan instantes en los que la expectativa cede y se diluye. En esta obra teatral el sostenimiento de la tensión dramática resulta imprescindible, siendo especialmente significativa en la medida en que todo lo que va ocurriendo parece apuntar a un desenlace inminente, con espectadores que participan del suspenso anticipando o imaginando un final impredecible.
Hemos presenciado la función del jueves 18 de marzo. Tal vez alguno de los aspectos considerados vaya modificándose a lo largo de las representaciones porque el teatro es “un lugar de vida”, un vivarium donde todo está en constante evolución y en el que los cambios pueden producirse y lejos de generar temor, contribuir a llevar la obra a su máxima posibilidad de realización.

Dramaturgia y Dirección: Luis Di Carlo
Actúan: Héctor Leza, Paola Peimer, Jenny Van Lerberghe
Vestuario y escenografía: Dize Marnezti
Asistencia de dirección: Mauricio Heredia
Asistente de escenografía: Tomás Martin

Los jueves a las 21 en Teatro del Abasto, Humahuaca 3549, Ciudad de Buenos Aires.

Nota escrita por Carlos Folias y publicada en Leedor.com el 01-abril-2010
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domingo, 4 de abril de 2010

LA PLAZA DEL DIAMANTE

Autora: Mercé Rodoreda - Dirección: Diego Demarchi - Actúa: Fernanda Pérez Bodria
Análisis de la función del jueves 11 de marzo en Tadrón Teatro - Nota escrita por Teresa Gatto


la plaza del diamanteLa Plaza del diamante, novela escrita en catalán por Mercé Rodoreda y considerada la obra más emblemática de la autora, traducida a más de 20 idiomas, narra la historia de Natalia, una ficción aparentemente chiquita en la que una joven en la España de esos tiempos de posguerra debe ser fiel a su resignación más que a su deseo. En la brillante adaptación de Joan Ollé, el unipersonal, en este caso a cargo de una magnifica Fernanda Pérez Bodria, alcanza momentos muy intensos, en donde se pone de manifiesto cuán importante es la tarea de un director, en este caso Diego Demarchi y los resultados que se alcanzan cuando un actriz como en este caso, se deja llevar por esas indicaciones que terminan siendo un superobjetivo de dirección, no en el sentido demarcador de sentido que el espectador debe llevarse, sino más bien en la apertura de sentidos de una obra que muestra la Barcelona de la posguerra, igual a tantos otros pueblos que van saliendo de una opresión que parece durar mil vidas. Entonces Natalia aceptará resignadamente que su marido, el que aceptó en medio del desastre, le cambie el nombre por el de colometa, que en español significa palomita. Es que tal vez Natalia sea un ser para volar, sólo que aún no lo sabe. Este modo de ceder identidad es el símbolo por el cual Natalia demuestra lo que la miseria acarrea para una mujer en todas las sociedades machistas. Así, su vida de casada estará signada por el desamor y las dificultades, muerto el esposo, deberá sacar adelante a sus hijos y lloran en silencio a sus otros amores que morirán en el frente. Mientras dura su matrimonio con Quimet, su vida transcurrirá en un segundo plano, cuando finalmente se quede sola, Natalia será en verdad una colometa que en una ardua tarea deberá aprender a volar. En la puesta de Demarchi, el diseño espacial es impecable y minimalista. Una alfombra tapizada de hojas otoñales desciende desde la pared del fondo del escenario para llegar casi hasta le proscenio. Sobre ella, un banco de plaza es el espacio en donde Natalia/Colometa, narrará su historia, acertando en todas las inflexiones del tono conforme narre sucesos trágicos, más humorísticos o tragicómicos. Fernanda Pérez Bodria se las ve con la ardua tarea de estar sola en escena y consigue llenar la sala del espíritu de su historia y no pierde ritmo ni una sola vez. Una bolsita de mandados, un atuendo cuidado para caracterizar al personaje, se suman al uso de la palabra como material sagrado, así entonces las alternancias de la historia, con un bello diseño de iluminación y una música tenue que acompaña sin opacar lo narrado, convierten a La plaza del diamante, en una de esas perlitas que vale la pena ver, volver a ver y recomendar.

La plaza del diamante
Autora: Mercé Rodoreda
Versión: Joan Ollé
Traducción: Celina Alegre, Pere Rovira
Actúa: Fernanda Pérez Bodria
Escenografía: Fernando Lancellotti
Diseño de luces: Eduardo Pérez Winter
Música original: Natalia Sordi
Dirección: Diego Demarchi

TADRON TEATRO
Niceto Vega 4802, esquina Armenia
Capital Federal - Buenos Aires

Nota escrita por Teresa Gatto y publicada en Leedor.com el 30-mar-2010

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miércoles, 17 de marzo de 2010

AMARGO DULZOR

amargo dulzor
En enero pasado fuimos a ver en el Konex esta obra dirigida por Hernán Carbón y Marcelo Katz. http://teatrosoloteatro.blogspot.com/2010/01/amargo-dulzor.html

A continuación la nota completa que se publicara en Leedor.com :

Noche de verano. Una suave brisa acompaña el movimiento pendular de mi hamaca paraguaya. Un cielo inundado de estrellas, un buen trago y una hermosa compañía. Sones de música cubana entremezclados con ecos de voces y risas. Sin dudas el marco adecuado para una noche distinta. Estamos en el Parador Konex, “un oasis en el medio de la ciudad”, un lugar especialmente preparado para disfrutar las noches estivales de Buenos Aires. Ambientado como un parador de playa se puede disfrutar en él de todo tipo de buenos espectáculos. Acabamos de participar de “Amargo dulzor” el gran trabajo de Marcelo Katz que a partir del humor reflexiona acerca de ese diablillo juguetón y esquivo que llamamos amor. Las risas se hacen presentes desde el comienzo con “la evolución de los besos” explicada por un locutor, José (que no se llama José) e ilustrada ingeniosamente mediante la utilización de “sombras chinas”. El relato nos retrotrae a la prehistoria y nos muestra el desarrollo de las manifestaciones amorosas desde las primeras “larvetas” y “cotonetus” hasta nuestros días. Luego se irán sucediendo distintos segmentos con situaciones de gran comicidad. Así, no faltarán las palabras con doble sentido y los equívocos ni la música y las canciones. La comicidad de los textos y las situaciones se combinan con Ingeniosos efectos lumínicos, sonidos y objetos especialmente diseñados. Marcelo Katz y Hernán Carbón dirigen con maestría a los actores que se destacan en el escenario cada uno aportando su individualidad y participando junto a los espectadores de un divertido juego actoral. Los intérpretes se lucen con desopilantes actuaciones utilizando con habilidad la improvisación cada vez que la situación lo amerita. Sin duda, Amargo dulzor resulta una grata y alegre experiencia por la calidad de su puesta que logra que la brisa del amor/humor sople y acaricie las noches de sábado del Parador Konex.
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jueves, 3 de diciembre de 2009

LA ÚLTIMA VEZ (QUE ME TIRÉ A UN PRECIPICIO)

La fresca e inocente mirada del clown reflexionando sobre la propia existencia.

Viki AlmeidaAgradables y alegres acordes musicales inundan la sala del Teatro El Piccolino preanunciando el comienzo del espectáculo. La melodía va introduciendo a los espectadores en un mundo de fantasía donde todo puede ocurrir. Una mujer en el borde de una cornisa a punto de caer. El suspenso y la expectativa flotan en el aire. Un paso en falso y el desenlace será inevitable. El espacio al aire libre y en la altura es sugerido por los sonidos de los pájaros, el tráfico y las bocinas y contribuyen a aumentar el suspenso y la tensión. Pero lejos de la preocupación, se escuchan las primeras risas de un público que ya está disfrutando de esa imagen inocente y vulnerable que se recorta sobre la pared de ladrillos con su vestido acampanado y su nariz roja. Frente a ella el vacío, lo desconocido, la vida. Una parte de ella se niega a seguir avanzando y quiere volver sobre sus pasos. ¿Podrá entrar “en razones”? ¿Podrá desandar el camino? El descenso, como recorrido existencial, parece ser inevitable. La alegría, como elemento insustituible, trastoca la percepción y transporta al espectador a un mundo distinto. El universo del clown sorprende y el escenario parece estar en otra dimensión donde todo es posible.

Las caídas se sucederán como en un viaje vital ineludible en el que deberá tomar decisiones a cada paso, intentando alcanzar un equilibrio cuya inestabilidad resulta irreversible.
Así se sucederán los diversos instantes de una vida. La relación con los padres, los amigos, los nervios de la primera cita, el amor, el primer beso, el casamiento, la llegada de los hijos, sus primeros pasos, los deseos, la necesidad de aceptación y de afecto, la búsqueda de la propia identidad…

La actriz Victoria Almeida compone un personaje de gran belleza y ternura que guía al espectador en un divertido recorrido en el que, a través de la fresca e inocente mirada del clown, se reflexiona sobre la propia existencia.

La dirección de Mario Luis Marino resulta impecable acompañando el proceso creativo de la actriz y logrando el adecuado ensamble de diversos lenguajes expresivos. La puesta en escena en su totalidad es de gran calidad. Todos los elementos (vestuario, iluminación, música y sonidos, videos, animación digital, fotografía) se destacan por su diseño y expresividad. Uno a uno se van entrelazando como individuales melodías, conformando una agradable textura que estimula los sentidos y crea una interesante atmósfera de fantasía.

Cabe destacar que, siendo en la actualidad más accesible el uso de la tecnología, hemos presenciado en los últimos tiempos gran cantidad de obras de teatro en las que se usan herramientas de cine y video. En la mayoría de los casos se las utiliza para ilustrar una determinada situación o simplemente como un adorno que, si bien resulta agradable visualmente, no agrega nada nuevo al relato. Por el contrario, en “La última vez (que me tiré a un precipicio)”, el lenguaje teatral de las acciones se mixtura de tal manera con la animación, el video y la música, que logran conformar una unidad expresiva de gran significación. El espectador goza de un espectáculo donde los límites entre lo real y lo ilusorio son difusos. La ternura de una clown con su vestido a rayas y su calzón con volados por momentos podrá ser una muñeca o un dibujo animado.
Todos los viernes a las 23 y hasta el 11 de diciembre, la fantasía y la diversión se hacen presente en el Teatro El Piccolino. Para el que busca vivir una excelente experiencia, ver “La última vez (que me tiré a un precipicio)” resulta imprescindible.


Esta nota ha sido publicada por Carlos Folias en Leedor.com
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martes, 1 de diciembre de 2009

REY LEAR de William Shakespeare

Seguramente los seguidores de Shakespeare esperaban un Lear distinto. Algunos de los que seguimos a Alfredo también

Después de la decisión de Alfredo Alcón de retirarse del proyecto “Rey Lear” en el 2006, siendo reemplazado en esa oportunidad por Alejandro Urdapilleta en el rol protagónico y cuyas funciones se realizaron en el Teatro San Martín con la dirección de Jorge Lavelli, ésta era la oportunidad de ver al prestigioso y querido actor en esta obra fundamental del bardo inglés. Alcón es un actor con cualidades muy personales que lo distinguen de otros buenos actores, de los tantos que afortunadamente tenemos en Argentina. Rey LearVerlo junto a Roberto Carnaghi y a Horacio Peña era una oportunidad que no se podía dejar pasar. Con esa expectativa fuimos al Teatro Apolo a ver Rey Lear.

No nos vamos a referir al argumento de la obra de Shakespeare por muchos conocido y además fácilmente disponible en cualquier buscador de la web. Bastará con decir que se trata de una tragedia con las características a las que este dramaturgo inglés nos tiene acostumbrados, donde la naturaleza humana se expone impiadosamente ante nuestros ojos y en la que no faltan intrigas, enfrentamientos, traiciones, ambición, locura, muerte... Nos centraremos en algunas reflexiones surgidas a partir de presenciar la puesta en escena de Rey Lear, en esta oportunidad, versionada por Lautaro Vilo y Rubén Szuchmacher y dirigida por este último.

Desde la observación del material gráfico nos pareció que estábamos inmersos, por lo menos, en algún tipo de equívoco.

Joaquín Furriel y Juan Gil Navarro son dos entusiastas actores pero nos sorprendió verlos en el reparto a continuación de Alfredo Alcón pero por encima de actores prestigiosos como Roberto Carnaghi, Roberto Castro y Horacio Peña. Si bien esto no influye en el desarrollo del espectáculo, nos preguntamos que elementos se habrán tomado en cuenta al decidir el orden de los nombres.
La confusión continuó en el programa donde se indica que Furriel realizará el papel de Edmond y Gil Navarro el de Edgard, y en la representación se muestran exactamente al revés. Nos preguntamos si todo esto no sería un adelanto de las intrigas palaciegas que veríamos seguidamente en el escenario.

Desde lo visual, el diseño escenográfico de Jorge Ferrari y el de iluminación de Gonzalo Córdoba resultan especialmente atrayentes. Grandes y oscuros paneles rectangulares atravesados por líneas luminosas que pueden trasladarse horizontalmente según la escena lo requiera, rejas que suben y bajan del techo, un círculo oscuro y logrados efectos de luz contribuyen a delimitar el espacio y el tiempo provocando un cierto extrañamiento, producto de la mixtura de la tecnología actual con escenas que narran hechos sucedidos en palacios y territorios de Britania hace muchos siglos atrás.

Desde lo auditivo, el diseño sonoro también contribuye a esta mezcla de elementos, común en nuestros postmodernos días, con sirenas y efectos de sonido semejantes a misiles o aviones al momento de anunciarse en el escenario la inminencia de la guerra. El extrañamiento se acentúa cuando se escucha a Lear utilizando vocablos que son comunes en cualquier esquina porteña.

Varios bancos de madera simétricamente dispuestos completan la escenografía. La prolija disposición de los actores en el escenario también evidencia una decisión estética de correspondencia entre todos los elementos. El espectador percibe una grata y ordenada disposición en relación a un centro o eje en el espacio escénico. Nos pareció que podría ser una interesante decisión del director el contraste entre esta armonía geométrica de la puesta en escena y el caos que sobrevendría seguramente a partir del accionar de los distintos personajes. Tratándose de una obra de Shakespeare podría esperarse que con el advenimiento de la acción todo este agradable y apacible ordenamiento de las formas volara por el aire, pero nada de eso ocurre.

A la hora de representar clásicos hay una tendencia a decir los textos con solemnidad y a accionar en un ritmo pausado y ceremonioso, que en nuestros días causa una sensación de anacronismo que acentúa la linealidad de la puesta y contribuye a la idea de que nada está pasando o que pasa siempre lo mismo. El público entiende la escena por las palabras que escucha pero éstas no se corresponden con la acción que ve. En ese sentido se fuerza al espectador a aceptar que cuando los actores mueven las espadas en cámara lenta y el sonido reproduce el rechinar de aceros, los personajes están cargados de furia y odio y se están trenzando en feroz lucha a muerte. En la puesta que nos ocupa, la monotonía solo se altera cuando aparece Edgard (Joaquín Furriel) en calzoncillos o cuando entra a escena el loco o el bufón (Roberto Castro) quien aporta una energía y vitalidad que lamentablemente luego se irá diluyendo.

Toda obra literaria, desde la más modesta a la más prestigiosa, sólo se transforma en teatro a partir del actor. Éste es el que dispone su cuerpo y les da vida a los personajes que hasta ese momento solo habitaban en la imaginación del lector. En esta puesta de Rey Lear se evidencia un importante trabajo individual de cada uno de los actores, destacándose especialmente la labor de Alfredo Alcón, de Roberto Carnaghi y de Horacio Peña, que no solo tienen el talento y la técnica sino que además poseen una vasta experiencia teatral en roles similares. Pero nuestra sensación es que algo se quedó a mitad de camino. Tal vez llevábamos demasiadas expectativas. La presencia de grandes actores y de un director de la calidad de Szuchmacher que ha realizado tantas puestas memorables nos habilitaba posibilidades razonables de disfrute.

Siempre es un placer ver a Alcón. Creemos que como actor tiene características propias que lo distinguen de otros buenos actores y que hacen que el espectador disfrute al verlo en el escenario más allá del personaje que interprete. Pero a él, al igual que a los otros actores, hay que estimularlo en su trabajo creativo, acompañarlo, contenerlo, guiarlo, porque el actor se entrega con lo que tiene y solo se tiene a si mismo, a su cuerpo, más allá de la trayectoria y del hábil manejo de la técnica que utilice. En él residen las emociones y eso que hace que un actor sea distinto a otro en el mismo personaje. Y en este sentido creemos que la mirada externa del director es fundamental. Él es el que guía el trabajo del actor y lo conduce a realizar no lo que le resulta más cómodo a la aplicación automática de una técnica, sino aquello que estimule su acción y su creatividad permitiendo que a través de su cuerpo cobre vida el personaje literario y que sus acciones sean conmovedoras. En este sentido vimos a Alcón muy repetido y desprotegido, falto de esa energía dramática poderosa que mostró en otras realizaciones anteriores. Seguramente los seguidores de Shakespeare esperaban un Lear distinto. Algunos de los que seguimos a Alfredo también.

Entendemos que no es fácil dirigir actores de tanta trayectoria y realizar una puesta de una obra dramática tan importante y compleja. Son muchas las decisiones que el director debe tomar y las elecciones que realiza no siempre son las apropiadas o no siempre la percepción del espectador las aprecia. Es más fácil (aunque también nos enfrenta a disyuntivas) escribir esta nota. La nuestra es solo una mirada más entre miles de espectadores.

El público de la función del viernes 20 aplaudió de pie. Al finalizar, cada uno se llevó algo que antes no tenía. En nuestro caso, ver la fragilidad y desnudez, no la de Furriel en calzoncillos sino la de Lear/Alcón, nos provocó una cierta angustia y las expectativas fallidas, una gran decepción."

Rey Lear de W. Sahakespeare en versión de Lautaro Vilo y Rubén Szuchmacher.
Actúan: Alfredo Alcón, Roberto Carnaghi, Horacio Peña, Roberto Castro, Joaquín Furriel, Juan Gil Navarro, Carlos Bermejo, Paula Canals, Ricardo Merkin, Mónica Santibañez, Julián Vilar, María Zambelli, Luciano Linardi, Paul Mauch y Eduardo Peralta. Dirección: Rubén Szuchmacher
Función del viernes 20 de noviembre en el Teatro Apolo
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Algunos comentarios anteriores de lectores en este blog:
Anónimo (21 nov 09)
Guillermo (9 nov 09)
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jueves, 5 de noviembre de 2009

MAL DE MAR

SEIS CLOWNS EN UN VIAJE POR EL MAR DE LA VIDA
Se agregaron 4 nuevas funciones
Los Sábados 7,14,21 y 28 de Noviembre
Viki Almeida (Haydé), Ana Azcurra (Gigí), Mariano Llona (Barroco), Julio Graham (Bromeo), Gonzalo Amor (Sencillo), Pacha Rosso (Ponele)/Diseñación de luces: Martín Patlis/Diseñitud Gráfica: Luciano Labate /Puesta del cuerpo: Ñata Voltage /Vestuariedad: Elena Sapino / Fotografismo: Tatiana Juares
Idea y Dirección: George Lewis / Co-Direccionalidad: Corina Sztryck
Teatro La Galera, Humboldt 1591 (Palermo) Sábados a las 23. Reservas: 4771-9295


“Una espera. El mundo está inclinado. La perspectiva cambia. ¿El mundo está mal? ¿O es que ellos están mal? Un desencuentro los separa. La profunda soledad. El reencuentro los une en su vejez. Recordar los sueños y rejuvenecer hasta ser niños. Buscar la luz para volver a empezar. Seis clowns tratan de comprender el sentido de existir. Un lúdico viaje los atraviesa por un ciclo que pareciera ser eterno pero no lo es. La vida.”

Un espacio vacío de escenografía, objetos o decorados. Las luces y el sonido acompañan una historia que reside principalmente en la expresividad de los cuerpos. Un atractivo y colorido vestuario nos brinda una lograda imagen exterior de la singular interioridad de cada personaje. Los seis actores, en un interesante juego escénico, participan al espectador del maravilloso mundo del clown, sin más herramientas que el propio cuerpo y la propia creatividad. Un exquisito manejo de la voz, de los gestos y de los movimientos, conducen a los asistentes a través de una hermosa aventura teatral.

Sin duda hay un gran trabajo de George Lewis y Corina Sztryck coordinando con eficacia los elementos de la puesta y logrando una atractiva narración a través de acciones e imágenes teatrales conmovedoras y guiando a los actores en su proceso creativo.

El espectador se mantiene atento tratando de no perder un solo detalle de la historia. Cada clown es un mundo. Sus expresiones, sus gestos, sus miradas, la expresividad inigualable del cuerpo humano.
Juego
Emoción
Risas
Asombro
Recuerdos
Risas
Inocencia
Belleza
Risas
Sueños
Risas
Más risas
Y más, y más risas.

Miro alrededor. La magia del teatro parece haber hechizado a los espectadores. La inocencia y la alegría se reflejan en las expresiones. El propio Clown que todos llevamos dentro baila contento en el brillo de las miradas. El hermoso viaje de la vida de la mano de seis queribles y talentosos artistas.

Esta nota ha sido realizada por Carlos Folias para Leedor.com Sitio de Cultura y publicada el 5 de noviembre de 2009.
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martes, 20 de octubre de 2009

BIG BANG, SI TODOS MENTIMOS NADIE MIENTE

Big BangNo sé si el universo se originó en una gran explosión o, como algunos sostienen, en una “singularidad” infinitamente pequeña seguida de la expansión del propio espacio. Tampoco sé si fue propiamente una explosión, ya que no se habría propagado fuera de si misma y en todo caso, si hubo un estallido, no creo que haya sido grande considerando que aún no existía ni el espacio ni el tiempo. De todas maneras, de estos temas poco conozco y prefiero dejar para la cosmología física la explicación de la teoría del Big Bang y de la constante y acelerada expansión del universo.
Pero hay otros sucesos de los que sí podría hablar con cierta propiedad y es el caso de la existencia de otro Big Bang, que no es un modelo científico sino el título de una excelente obra de teatro y que me confirma algo que venía percibiendo.
Después de haber visto en los últimos días "Ala de criados" (Mauricio Kartun), "Minetti" (Carlos Ianni), “Hasta que la muerte nos separe” (Paul Desveaux) y ahora "Big Bang" (Corina Fiorillo), no tengo dudas de la teoría que sostiene la existencia de una constante y acelerada expansión en Buenos Aires (y espero que se muestre a lo largo del país) de excelentes puestas en escena.
“Si todos mentimos nadie miente. Dos actores se reencuentran sobre el escenario despojado de una sala vacía. Antiguos vínculos que se abren dejando paso a las mentiras, las pasiones, los engaños y el olvido. Los hilos de la ficción los envuelven mientras tejen la trama real que se prepara para caer sobre ellos. ¿Actúan, simulan? Se atraen, se rechazan, se funden, explotan, dan origen al teatro, al universo de las historias.”
Nuevamente el teatro nos pone frente al espejo de nuestra humana existencia. ¿Realidad o ficción? ¿Somos lo que decimos ser o representamos infinitos personajes acorde a las circunstancias? Tal vez el escudo del personaje nos permite sobrevivir con cierta dignidad frente a una “verdad”que consideramos insoportable.
“...y así seguimos cómplices y confiados desarrollando los mismos personajes de la misma larga, monótona, tediosa escena cotidiana... si todos mentimos, nadie miente”
¿Escribimos nuestra propia historia día a día o ya está todo escrito? ¿Somos protagonistas o personajes secundarios? ¿te amo o te desprecio? Incapaces, fracasados y mentirosos o talentosos, exitosos y auténticos. Lo que esperamos y que nunca llega. La mirada del otro. La importancia de la aceptación o el rechazo ¿somos en la medida que alguien nos reconoce? La vida. Nosotros y el juego del teatro en el comienzo de todas las historias.

Raquel Albeniz y Alejo Mango son los actores que ponen el cuerpo para darles vida a los personajes del sólido texto de Carlos Ares. Cada uno de ellos realiza un valioso trabajo actoral aportando una importante cuota de imaginación y creatividad. Corina Fiorillo, a cargo de la dirección, ha logrado estimular el juego de los actores combinando acertadamente todos los signos de la puesta en escena, otorgándole al conjunto un ritmo y una estética sumamente atractiva. Por su labor fue nominada a los premios ACE, dentro del rubro Director de Teatro Alternativo temporada 2008/2009, distinción que sin duda es totalmente merecida.
Big Bang no es una reacción nuclear que mantiene el cosmos en expansión, es un excelente espectáculo que contribuye a expandir el universo del buen teatro.


Esta nota ha sido realizada por Carlos Folias para Leedor.com Sitio de Cultura y publicada el 19 de octubre de 2009.

Información relacionada publicada en este blog:
06 Set 09: "Big Bang de Carlos Ares"

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domingo, 4 de octubre de 2009

MINETTI

Mientras escribo estas líneas, seguramente se está desarrollando en el Celcit la última función de “Minetti” en Buenos Aires antes de partir hacia Córdoba invitados al VII Festival Internacional de Teatro Mercosur 2009.
Tuve la oportunidad de presenciar la función de ayer. Como espectador y en especial como actor, aprovechar la contemporaneidad y la cercanía para ver en acción al maestro Gené es un privilegio que no se puede desperdiciar. En este caso, acompañado por una excelente actriz como es Maia Francia.Minetti 2

Minetti, es un texto escrito en 1976 por Thomas Bernhard, dentro de un teatro que muestra las dificultades del hombre para alcanzar la felicidad y la fragilidad de su existencia y que suele caracterizarse por la ironía de sus monólogos. Minetti (Juan Carlos Gené) es un viejo actor que espera la llegada de un director que habrá de permitirle protagonizar por última vez "El Rey Lear" de W. Shakespeare, obra que no representa en un escenario desde hace 30 años, pero que periodicamente ensaya en su totalidad frente a un espejo, primero en su idioma original y luego en su propia traducción. La acción transcurre el último día del año en el lobby de un hotel en donde también se encuentra la "Señora" (Maia Francia). Ésta actuará complementando la narración, reponiendo para el espectador la información necesaria para situar la historia en el tiempo y en el espacio, aunque en la construcción de un sentido nunca estaremos seguros de nada. Minetti 1
El teatro es como la vida, todo se confunde y por momentos no distinguimos la realidad de la fantasía o del sueño, la verdad de la mentira. ¿no es el teatro también una realidad? ¿no es la vida un escenario donde actuamos con infinitas máscaras?
"Hacemos continuamente una tragedia o una comedia y cuando hacemos una tragedia en el fondo no es más que una comedia y viceversa"

La dirección de Carlos Ianni logra una emotiva y contundente puesta en escena. Podría haber sido un extenso monólogo o una obra con varios personajes, se optó por una inteligente puesta con solo dos actores y en donde Maia Francia, siendo por momentos la "Señora", la actriz que ensaya o la "joven enamorada" que espera, nos va mostrando lo que se escucha pero no se ve: "se abre el ascensor, un grupo ruidoso de máscaras se precipita en el vestíbulo riendo, gritando y derribando casi a Minetti".
En un caso, es el propio Minetti: "otra vez las puertas y la gente con máscaras y cornetas y botellas y yo en el medio atropellado, ignorado y despreciado"

Minetti lleva en una valija innumerables recortes periodísticos que hablan sobre su vida y una máscara que le hizo su amigo el pintor expresionista James Ensor y que utilizará en la representación de Rey Lear.
Las máscaras permiten jugar a ser otro ocultando las reales emociones, pero con el tiempo, la densidad de roles nos hace dudar de todo. ¿quiénes somos en realidad?
"...con esta tormenta, irás al baile con tu enamorado, usarás una máscara..."
"No, no es una máscara, es mi verdadera cara de niña."

Él espera al director del teatro y ella a su enamorado. La soledad y la incesante expectativa son elementos en común. El "tipo extraño" del comienzo y la seductora y enigmática señora van deconstruyendo un mundo de múltiples facetas. Las existencias reales y fantasmales se superponen y se confunden, acercándose al núcleo de una historia conmovedora donde sólo espera la máscara verdadera, la del instante final.

Información relacionada publicada en este blog:
04 Jun 09: "En julio se repone Minetti"
20 jul 09: "Juan Carlos Gené"
04 set 09: "El maestro Gené y la admirable Maia Francia"

Más información en CELCIT ARGENTINA

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martes, 22 de septiembre de 2009

EL CONSUL en el Teatro Avenida

El Consul Tal como adelantáramos a principio de mes, The Consul el drama musical cuyo texto y música compuso Gian-Carlo Menotti, fué representada en el Teatro Avenida dentro de la temporada de ópera 2009 organizada por Buenos Aires Lírica.
Tuve el placer de presenciar la función del domingo 13 en la que el público de pié agradeció con sus aplausos la calidad de las interpretaciones. The consul
The Consul (El cónsul) fue estrenada en 1950, primero en el Shubert Theater de Filadelfia y luego en Nueva York, con gran repercusión y reconocimiento del público. En Argentina pudo verse en el Teatro Colón en 1953 con dirección musical de Alberto Erede y Rainaldo Zamboni, y puesta en escena de Armando Discépolo. Luego se repuso en 1954, 1958 y 1967 en idioma italiano y en 1999 en idioma inglés. En esta última puesta fue el propio Menotti quien, a sus 88 años, vino a la Argentina con su hijo para participar como régisseur. Ahora, hemos podido disfrutarla en el Teatro Avenida presentada por Buenos Aires Lírica en su temporada de ópera 2009. En esta oportunidad con la dirección musical de Javier Logiola Orbe y la régie a cargo de Fabian von Matt.

Los personajes son: John Sorel (barítono); Magda, su esposa (soprano); la madre de John (contralto); un agente de la policía secreta (barítono); la secretaria del consulado (mezzosoprano); Kofner (bajo); una mujer extranjera (soprano); Anna Gómez (soprano); Vera Boronel (mezzosoprano); El mago Nika Magadoff (tenor); Assan, amigo de Sorel (barítono).

Gian-Carlo Menotti fue el autor no solo de la música sino también de los textos dramáticos, por lo que recibió numerosos premios entre los que podemos destacar en los años 1940 y 1950 el Pulitzer y el de los críticos teatrales de Nueva York que son dos de los más importantes de los Estados Unidos. Vivió en ese país gran parte de su vida, de ahí que muchos piensen equivocadamente que es estadounidense, pero en realidad nació en Italia en 1911. Nos estamos refiriendo a un autor cuya música no puede denominarse de vanguardia sino más bien conservadora y que ha sabido conquistar al público de su tiempo y al de hoy por su lenguaje accesible y la elección de temas cercanos a las vivencias cotidianas del hombre común. Falleció el 1º de febrero de 2007 en Montecarlo y sin duda, ha sido uno de los operistas de mayor éxito y aceptación del siglo XX. El musicólogo Hugh Wiley Hitchcock opinó sobre Menotti “...combinó el sentido teatral típico de todo argumento popular con un vocabulario musical pucciniano y con un característico amor italiano por el lenguaje líquido más un interés definido por mostrar a sus personajes como seres humanos reales. El resultado fue una ópera más accesible que ninguna otra creada contemporáneamente”.

El cónsul es una obra inspirada en el caso real de una inmigrante polaca que llegó al suicidio, tras fracasar en sus denodados intentos por ingresar a los Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un desarrollo marcadamente kafkiano con ingredientes, lamentablemente de actualidad, como son la desigualdad, la injusticia y el desinterés por el drama ajeno, donde las personas pierden sus características humanas para transformarse en números o en legajos que duermen en burocráticas oficinas.
La obra se sitúa en algún lugar de Europa con escenas que se desarrollan en la casa humilde de los Sorel y en un consulado de una gran potencia, donde Magda buscará asilo para su marido John Sorel, luchador por la libertad y perseguido por la policía secreta.

Cuando el trabajo se realiza con excelencia el espectador disfruta del espectáculo. Este es el caso de la función que pudimos presenciar. La textura de símbolos ofrecida ante nuestra vista nos permitió reponer sentidos que nos guiaron cuadro tras cuadro, por el camino de tensión que propone la obra de Menotti.
Si bien no es el objetivo de la presente nota realizar un análisis detallado de la puesta, se pueden citar a modo de ejemplo muchos momentos en los que se evidencian decisiones acertadas de escenografía, vestuario e iluminación que potencian el desarrollo de la historia. Como en la primera escena en la casa de los Sorel, marcada por la evidente angustia que crea la persecución de John o la precariedad de la familia, donde el espectador puede apreciar en forma simultánea en ambos lados de la escena, cabinas iluminadas en las que pueden verse espías escuchando las conversaciones, tomando notas y revisando papeles. O cuando se apagan las luces de las cabinas y uno intuye que la policía secreta irá de requisa y momentos más tarde, cuando irrumpen en la casa y gran cantidad de lámparas descienden de lo alto dando la sensación que no habrá rincón que permanezca oculto a los ojos de los servicios secretos y el suspenso que crece acentuado eficazmente por la palabra y la música. Esta última por momentos se suspende y deja lugar sólo a la acción proponiendo tiempos distintos a los habituales en la ópera.

La orquestación ha sido pensada por Menotti con sobriedad (flauta, dos oboes, clarinete, fagot, dos cornos, dos trompetas, trombón, timbal, dos instrumentistas de percusión, arpa, piano y cuerdas reducidas), apartándose de alguna manera de lo que comúnmente se busca para el género.
Las intervenciones de los cantantes, individualmente o en conjunto, dan lugar a momentos de gran lucimiento, como por ejemplo en el cuadro segundo del acto II, cuando el mago Nika Magadoff, representado por el tenor Osvaldo Peroni, hipnotiza a los personajes y los hace danzar en la sede del consulado o en el emotivo cuadro primero del Acto I cuando John se despide de su esposa, de su madre y del bebé que duerme en la cuna, creándose un entrecruzamiento melodioso conmovedor de las voces de Carla Filipcic Holm (soprano), de Virginia Correa Dupuy (mezzosoprano) y de Hernán Iturralde (barítono). Todos los personajes de la obra se representan con convincentes composiciones actorales por parte de los cantantes, quienes aún en los pasajes donde no se canta, logran sostener los niveles de tensión creados.
Destacamos especialmente las excelentes participaciones de Carla Filipcic Holm (soprano) en el papel de Magda Sorel y de Elisabeth Canis (mezzosoprano) en el rol de “La Secretaria”, quien ya nos deleitara con su voz en el concierto del ciclo Pilar Golf 2009 que informáramos días atrás en Leedor.

Esta nueva presentación de Buenos Aires Lírica en el Teatro Avenida, culminó con el aplauso cerrado del público como merecido reconocimiento al destacado trabajo de organizadores, técnicos y artistas.


Función del domingo 13 de setiembre de 2009
The Consul
Drama musical en tres actos con libreto y música de Gian-Carlo Menotti.
Dirección musical: Javier Logioia Orbe
Régie: Fabian von Matt
Diseño de escenografía: Daniela Taiana
Diseño de vestuario: Stella Maris Müller
Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux
Reparto:
Magda Sorel: Carla Filipcic Holm
John Sorel: Hernán Iturralde
La Madre: Virginia Correa Dupuy
La Secretaria: Elizabeth Canis
El Agente de la Policía Secreta: Leonardo Estévez
El Mago (Nika Magadoff): Osvaldo Peroni
Mr. Kofner: Walter Schwarz
Mujer Extranjera: Andrea Nazarre
Anna Gómez: Gabriela Ceaglio
Vera Boronet: Vanina Guilledo
Assan: Mariano Fernández Bustinza

Voz de la grabación: Mabel Mercer
Actores: Soledad Algañaraz Raiden
Paola Bordón
Martín Palladino
Rubén Santti
Funciones realizadas el 11, 13, 15 y 19 de setiembre de 2009.

La presente nota fué realizada por Carlos Folias para LEEDOR-sitio de cultura, y publicada el 20 de setiembre de 2009.
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domingo, 30 de agosto de 2009

LUCIANA MONASTERIO en "LUISA"

Fui a ver “LUISA” de Daniel Veronese en el teatro “El Gran Crespo”. La puesta en escena es simple (si esto es posible tratándose de signos). La iluminación y la escenografía son mínimas y sin grandes despliegues ayudan a caracterizar el espacio y el tiempo. Sólo una cama y algunos objetos. Tal vez, el texto dramático de Veronese como elemento estructurante de la puesta, sea el único de cierta complejidad toda vez que aporta las palabras que permiten construir un personaje que vive en un mundo de recuerdos y de incesante espera. Hasta acá, nada que llame especialmente la atención en relación a otras puestas. Creo que el elemento que hace la diferencia es la destacada actuación de Luciana Monasterio.
Los personajes literarios siempre necesitan de un cuerpo que les de vida para materializarse en la magia del teatro. Pero no es lo mismo uno que otro. Hace falta que el actor tenga ese plus que le permita dejarse influir por el texto y entregarse a las fantasías que el mismo le provoca. Creo que en este caso, Luisa encontró una especial forma de corporizarse. Luciana Monasterio se ha dejado llevar por el texto de Veronese, y lo ha transformado en emociones que el espectador recibe a través de sus movimientos, de su voz y de su gestualidad. Y aparece una Luisa que resulta enigmática y atrayente. La dirección de Vanina Montes sin duda, ha guiado eficazmente a la actriz en el camino de su propia creatividad.
El personaje sólo existe en la personalidad del actor. Luciana Monasterio le da “vida” a Luisa prestándole una valiosa parte de sus propias emociones, de su propia ternura y de sus propias esperanzas. El espectador agradecido.



más info en "LUISA"
Un análisis de la obra en "leedor"
Web: luisalaobra.blogspot.com
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viernes, 3 de julio de 2009

Revista de Teoría y Crítica Teatral "TELÓN DE FONDO"

Telón de fondo Ya se encuentra on line el N° 9 de telondefondo. Revista de Teoría y Crítica Teatral (http://www.telondefondo.org/), ISSN 1669-6301, primera revista electrónica sobre temas teatrales de la Universidad de Buenos Aires; publicación semestral, de consulta libre y gratuita, indizada en las bases de datos: Latindex (Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal) e Intute: Arts and Humanities (Reino Unido).
SUMARIO N°9, año 5, julio 2009:

ENSAYOS

1-Tierra, templo: escenario. Un acercamiento al teatro de Luisa Calcumil.
Yamila Grandi
2-Entre el futurismo y la Argentina: Pettoruti e Bragaglia.
Barbara Meazzi
3- Proyecto Iconografía del escenario mexicano: Emilia Trujillo.
Héctor Quiroga Pérez
4-El actor en el Falansterio. El sueño de Charles Fourier
Carlos Fos
5-La crítica periodística y el teatro para niños (1930–1999).
Lita Llagosteras

DOSSIER: “Asedios teóricos y críticos al cuerpo en movimiento.”

6-Introducción a la problemática del ritmo en el arte de la danza.
Perla Zayas de Lima.
7-El ritmo en la danza.
Claudia Barretta.
8-El ritmo en la música y la danza: su función como organizador.
Leticia Miramontes
9-Ritmo y sentido en la obra de arte de cruce lenguajes.
Aníbal N. Zorrilla
10-Desarrollo de un método de análisis rítmico.
Claudia Barretta, Leticia Miramontes, Aníbal Zorrilla.
11-Nomadismo y traducciones culturales: nuevos estudios del cuerpo para hacer/pensar danza contemporánea.
Christine Greiner
12-Ojos en movimiento
José Antonio Sánchez Martínez
13-Un cuerpo pensante. Entrevista a Susana Ibáñez.
Norma Adriana Scheinin
14-Lectura dramatúrgica de Dragón, collage surrealista de danza.
Roberto García de Mesa

CRÍTICAS DE ESPECTÁCULOS

19-La verdadera falsa historia de la comedia del arte.
Paula Riva
20-Las mujeres de los Nazis. Trilogía de Héctor Levy-Daniel: los modos de narrar lo indecible.
Teresa Gatto
21-Caramba del grupo Esse Est Percipi. Volver al pasadito.
Roberto Allocco Garin
22-Perón en Caracas. Una puesta de Jorge López Vidal, sobre un texto de Leónidas Lamborghini. Teresa Gatto
23-Ay, la Patrie. Trastienda de la Historia, una puesta escrita y dirigida por Cristina Escofet.
Teresa Gatto
24-El Arrabal Teatro. Dos propuestas escénicas.
María Domínguez Alba

ENTREVISTAS

25- Como quien oye llover de Juan Pablo Geretto. Imágenes queer para evocar madres.
Ezequiel Lozano
26-El teatro como el poder ficcional del actor. Acerca de los Solos de Alejandro Catalán.
Juan Manuel Mannarino
27-Entrevista a José Luis Arce. Teatro, poesía y compromiso.
Teresa Gatto
28- Quique Culebras y su teatro a domicilio.
Jordi Martínez Torres

RESEÑAS BIBLLIOGRÁFICAS

29 - Teodoro y la luna de Eduardo Rovner, ilustrado por Luis Felipe Noé: cuando abrir un libro es también correr el telón.
Lita Llagostera
30- Testimonio y documento del teatro de títeres. Luis Rivera López; Libertablas. Pinocho, Cuentos de la selva, Gulliver, Leyenda. Edición, estudio y entrevista a cargo de Nora Lía Sormani, Buenos Aires, Atuel, 2009.
Lita Llagostera

PUBLICACIONES RECIBIDAS

31-María Mercedes Jaramillo y Juanamaría Cordones-Cook (ed.), Más allá del héroe. Antología crítica de teatro histórico hispanoamericano, Editorial Universidad de Antioquia (Colombia), 2008
32-Nidia Burgos y Márcia Killmann (comp.) Teatro comparado. Poéticas, redes internacionales y recepción. Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur-Ediuns, 2008.
33-Saverio. Revista cruel de teatro. Año 2, N° 4, abril 2009 (Buenos Aires)
34-Meyerhold. Voces de teatro. Año III, N° 6, marzo 2009 (Buenos Aires, Argentina)
35-Apuntes de escena. Publicación de Ediciones DocumentA/Escénicas, mayo 2008 (Córdoba, Argentina)
36- Luis Emilio Abraham, Escenas que sostienen mundos. Mímesis y modelos de ficción en el teatro. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto de Lengua, Literatura y Antropología, 2008.
37-Teatro checo contemporáneo, Buenos Aires, Emergentes Editorial, 2009.
38-Laura Fobbio, El monólogo dramático: interpelación e interacción, Córdoba, Editorial Comunicarte, 2009.
39- Stichomythia, Revista de teatro Contemporáneo. N° 7, noviembre de 2008, Departamento de Filología Española de la Universitat de València, Valencia (España)
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domingo, 7 de junio de 2009

"EL BESO DE LA MUJER ARAÑA"

el beso de la mujer araña
de Manuel Puig
Molina: Humberto Tortonese / Valentín: Martín Urbaneja
Director de la cárcel (en off): Horacio Peña /Escenografía y Vestuario: Jorge Ferrari /Diseño de iluminación: Gonzalo Córdoba /Música original: Bárbara Togander /Dirección Rubén Szuchmacher /Asistente de Dirección: Fabiana Falcón /Asistente de escenografía y Vestuario: Andrea Mercado /Asistente de Iluminación: Facundo Estol /Intérpretes Música: Mussa Phelps y Bárbara Togander /Prensa: Débora Lachter /Fotografía: Sebastián Arpesella /Diseño gráfico: Wechsler Diseño /Coordinación de Producción: Fernando Madedo /Producción Ejecutiva: Pablo Wittner /Producción Artística: José Miguel Onaindia
EL CUBOZelaya 3053 - entre Jean Jaures y Anchorena (Abasto) (mapa) Viernes 21 hs. Sábados y domingos 20,30 hs.
Algunos comentarios acerca de la función del estreno
Si bien el lenguaje del teatro es distinto al del cine o la literatura, no resulta menos productivo a la hora de las emociones.
En ese convencimiento y con esa expectativa me dirigí aquel lunes de mayo a ver el estreno de “El beso de la mujer araña”.
¿Las emociones? Bien, gracias.
Me encontré con una catarata de palabras, dichas automáticamente, como quien las sabe de memoria o repite lo que le soplan al oído.
Algunos me dijeron que esa era la idea del director. Leí en el suplemento Soy de página12 una estupenda nota de Daniel Link acerca de Manuel Puig y su novela, de la que se desprende la idea de que Szuchmacher ha querido experimentar y realizar una puesta decididamente brechtiana.
Por mi parte, desconozco el pensamiento del director a la hora de decidir la puesta en escena, pero de tratarse de un experimento hubiera preferido que el texto elegido fuese otro. Es sabido que a la hora de investigar, antes de hacerlo con humanos, las técnicas alternativas in vitro son más rápidas y baratas de llevar a cabo. Para este experimento, habría sido suficiente con sacrificar alguno de los textos dramáticos mediocres que andan circulando por ahí.
“El beso de la mujer araña” es una obra donde la puesta se estructura a partir de un texto preexistente, en este caso uno hermoso y conmovedor, tal como se viene haciendo (afortunadamente para los que nos gusta que nos cuenten historias interesantes) hace varios cientos de años. Ese texto se pone en acción materializándose en un contexto dado que se ofrece al espectador en esa densidad de símbolos que es la teatralidad. Esta puesta parece querer reducirlos al mínimo restándole de esa forma peso y profundidad.
La escenografía no ilumina el texto ni la acción ni contribuye a una situación de enunciación productiva y sólo se limita a mostrarnos el lugar, en este caso una celda.
La iluminación, salvo cuando ayuda a marcar el paso del día a la noche, sólo permite ver a los actores en el escenario y a los elementos del decorado y no contribuye a crear ningún tipo de atmósfera ni parece querer provocar ninguna sensación a partir de la luz.
En términos similares podríamos referirnos a otros componentes de la puesta, vestuario, objetos, etc. Quizás se decidió pasarlos a un segundo plano porque, como diría Aristóteles, nos desvían de la fábula y del análisis del conflicto. Sólo nos quedaría el texto como elemento esencial del sentido de la representación, pero no en la línea de la dramaturgia clásica o de la tradición occidental, sino puesto en voz de los actores a toda velocidad y de la forma más neutra posible. Tal vez se persiga con esto una novedosa forma de mostrar la realidad insinuada en el texto o una mirada nueva sobre el mismo. No sé, de todas maneras y más allá de todas estas cuestiones, creo que se trata de un espectáculo “triunfante” en la medida en que nos conecta con la obra de Puig y nos dan ganas de volver a la novela y dejarnos llevar por la imaginación a partir del relato cinematográfico de Molina.

Podés leer más sobre la obra y la crítica en Leedor y en Página12
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domingo, 24 de mayo de 2009

CARLO ARGENTO, VIVIAN LUZ Y ESTEBAN ROZENSZAIN, EN EL BORGES

La metamorfosis. 3ra Temporada
Por Teresa Gatto en Leedor 15-05-09

La Metamorfosis. El cambio final, tercera temporada
Autores: Vivian Luz, Laura Ferrari, Carlo Argento
Coreografía y Dirección Vivian LuzCon Carlo Argento Piano: Esteban Rozenszain
Participación especial en off: Pompeyo Audivert, Silvina Bosco, Marzenka Novak, Alejandro Urdapilleta
Dramaturgia: Laura Ferrari
Idea, Producción y Música Original: Esteban Rozenszain
Centro Cultural Borges
Sala Norah Borges
Sábados 20.30. hs.

carlo argento

foto Charly Borja

La metamorfosis. El cambio final subió a escena por tercera temporada, esta vez en el Centro Cultural Borges. Ejercicio musical de Esteban Rozenszain, quien primero compuso en su piano la música inspirándose en el tal vez, texto más famoso de Kafka, encontró luego en la sociedad con la excelente coreógrafa Vivian Luz y el actor Carlo Argento la mixtura perfecta para llevar adelante una empresa riesgosa. Para que la misión alcanzara el éxito, Laura Ferrari elaboró la dramaturgia del arduo ejercicio de poner en escena una fusión, dado que para mostrarnos las diversas dimensiones de Kafka, se incorporó a La Metamorfosis, el texto "Carta al Padre", ejercicio autobiográfico que plasma de un modo angustiante la imposibilidad de un vínculo o la destrucción del vínculo padre-hijo como la única posibilidad.

El resultado es una puesta que permite al espectador asistir a la dramatización de la alienación humana en su vértice más incisivo y al mismo tiempo entender cómo la mirada del otro nos constituye y, si nos desprecia, puede hasta convertirnos en una larva. En este caso, el desamor, en sus formas variadas llega a producir un borramiento del sujeto que pasa a ser un “otro” monstruoso al cargar sobre sí el ultraje ajeno.
Vivian Luz ha logrado una puesta impecable que logra sumar los tres lenguajes: danza, música y actuación como tres expresiones que se funden e integran un todo que es mucho más que la suma de sus lenguajes.Esteban Rozenszain ejecuta con destreza expresiva, en vivo, la música que acompaña las atribuladas peripecias de Franz Kafka o Gregorio Samsa, que unidos o separados son un mismo ser de angustia.
La iluminación acompaña la diégesis y el diseño de arte le permite a Carlo Argento redelimitar permanentemente el espacio escénico que lo tiene como único protagonista.
Argento se las ve con la difícil tarea de mutar en varios sentidos y sale triunfante de todas. Por un lado sufre la transformación del famoso personaje kafkiano y con sutiles pero eficaces cambios de tono y vestuario, vuelve a mutar y se convierte en su padre, madre, hermana y jefe. Es, en esa instancia donde el cuerpo cambia, se crispa, contorsiona, y en distintas súplicas parece querer huir de su propio drama. Con una caracterización consumada, elaborada desde la emoción hacia la máscara exterior, Argento es Gregorio, Kafka y todos aquellos seres con los que no pudo, todos aquellos que no dejándolo ser, lo obligaron a mutar. Lo indecible, lo inefable, lo que no tiene nombre encuentra en el cuerpo todas las expresiones del dolor convertidas en gesto, emoción y en un latido que la platea percibe aunque no se escuche.
“Mi cuerpo entero me advierte ante cada palabra; cada palabra, antes de que permita que yo la escriba, mira primero en torno suyo”, escribe Franz Kafka a su amigo Max Brod, el 17 de diciembre de 1910. Desde el cuerpo se escribe y desde el cuerpo se representa. La metamorfosis. El cambio final es, en este trabajo magnifico, aquello que, inenarrable, está escrito en el cuerpo.

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